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Poesía de posguerra en este blog

09 noviembre 2009
Invito a lectoras y lectores de las puertas a participar en este performance en línea:

escribir o enviar para publicación en este blog, uno o cuantos poemas tengan acerca del tema de La Ofensiva de 1989. No hay discriminación en la perspectiva de la temática, el interés es juntar la memoria, todos los ojos de la memoria. Pueden anexar sus poemas en comentarios o enviarlos a noracmendez@gmail.com, no importan nacionalidades, ideologías ni afinidades afectivas con la autora de este blog.

De antemano muchas gracias a quienes participen. La publicación será este viernes próximo, con los poemas que hayan sido enviados.


Nora Méndez
la escríbelo todo

San Salvador

08 noviembre 2009
Aquí llora o se llueve?
escampa
por ratos las cosas parecieran detenerse
bolsas negras
suelos de horchata
mojados como vinimos al mundo
empapados
expulsados desde el agua
seguimos
barrancos
ríos de polvo
hilos que se sujetan
latas
barro
la materia in/orgánica
que habitamos
hechos uno
como piedra que resiste
los refugio sin refugio
los lejos
escampamos

EMERGENCIA o primera confesiòn de verano

Esta mañana abrí los ojos en el sueño donde estoy reunida con toda mi familia. "Despierta, mi bien despierta" dice una canción y la voz campana de Claribel Alegría.

No estaba agitada pero tenía un presentimiento, que alguien habia llamado y en efecto el celular gritó con un timbre de llamada perdida. Todavía tengo saldo así que me dispuse a devolverla a un número desconocido -todos los números últimamente son desconocidos- que deseaba fuera aquel del cual espero una respuesta desde diciembre pasado. Así fue, la llamada ansiada por fin atravesó los vericuetos imposibles y llegó como daga estática a mi oreja desvelada.

Me levanté enseguida y corriendo llegué al río para hundirme tres o veinte veces, mientras las libélulas no soltaban la escamas de mis rizos. Me paré frente al aparato que me dice quién soy de vez en cuando, y me cepillé la ansiedad cuatro veces sin persignarme, haciendo hincapié en el lado donde mastico culebras y polvo. La llamada me puso contenta, por eso quité los papeles disecados en el pasamano y corrí a ponerles agua en macetas, luego corrí a abrazar las bolsas del supermercado que ya estaban levantadas recogiendo la basura. Y les dije

-Llegó el día esperado, pero no quiero hacerme ilusiones. Me tomé dos cucharadas del polvo que me recetó la dama que duerme plantas.

En tres horas me reuniría con la mar y sus conchas, para explorar amores pasados, taxonomía de la flora intestinal de los desengaños; en eso sonó la alarma que me recordaba cada cierto tiempo que debía atravesar en plena luz aciaga los 300 metros que separaban a nuestro refrigerador de la vida y la muerte.

-No quiero

Pero debí y partí, no sin antes y después morir de rabia. Este no era un día para bromas pesadas, o sí? o quehaceres mundanos que interrumpen felicidades sicodélicas con la colección de auto complicaciones imaginarias que dedicaría a mi mente y alma jugadoras empedernidas, en los tendones del ocio. Pero quien es o fue, no puede dejar de ser árbol, rama, teja o pequeño tenedor para canarios.

Hacìa tanto tiempo que no sentía esta migraña de cuerpo entero, que por la calle gritaba desesperada. Hasta entonces comprendí que esperar demasiado, mata, que hacer cosas sin querer, es como esperar una sentencia sin poder hacer nada. La rutina es otra cárcel de la cual debemos prescindir o escaparnos, pero es imposible advertir cuando llega y te atrapa.

Ahora podía sentir su dolor, como una droga letal después de mucho tiempo. Podía incluso actuar mi catarsis frente al mundo, sacudírmela sin remordimientos y dejarla como estuche de galleta en cualquier lado.

Liberada del mal de la ceguera y la culpa, me dispuse a disfrutar del aire artificial de las verduras y productos lácteos que a punta de pistola viajan hasta este ciudad. Los pájaros ya no conocen los bosques. Los imaginan, creen recordarlos, pero no saben nada. Por eso me convertí en un tigre y me puse a contemplar fascinado el empañado vidrio del auto de las carnes y hasta sonreir a la cajera que pegaba de gritos frente a mis bigotes y pedicura. Este es un mundo desechable y todas las horas me parecen inexactas. Me puse de regreso por la misma ruta, pensando en el daño que todos nos hacemos casi sin pensarlo, cuando un mupi atravesó mi vista. Quería sin bochorno que lo viera, la publicidad es el alma de todos los exhibicionistas.

-Toro, toro, vamos a ver, que a clavarte he venido.

Sobre un fondo verde espantoso naufragaba el cuadro de Héctor Sitán, cuyo título Después de la Tormenta, me dejó pensando en los tiempos verbales. Quedé hipnotizada, la ternura del cuadro me hizo sentir falda de sus aguas, ladera de sus lodazales, barquita tembeleque en sus fauces; y pude oler a tilapias y marañones, hojas arremolinadas y brincar sin tregua sobre otras almas rebalsándose en cunetas y fisuras de una calle de piedra metal.

Entonces me convertí en un ilusionista y la gente perturbada como en un video de Criss Angel, me vió pasar por el cuadro de Sitán, sin inmutarme. Nadie sabía hasta la fecha, de mi habilidad para traspasar puertas invisibles. De pronto estaba en el año 1974 en la tormenta huracanada de nombre Fifì, exactamente afuera de la casa de una prima, en Ilopango. Horas y horas pasé en aquel lugar y la Anamaría me dijo que su pierna estaba recuperada y que podía llevarme a cucucho hasta la tienda donde vendían bolis de sandìa, pero no quise. Me limité a mostrarle mis manos para que supiera todo sobre el futuro y me dejara salir cuando me aburriera de hacer pasteles de lodo en la cueva de limones.

Aparecí una hora más tarde en la palmera que muere de sed frente a la casa, y los hombres de la construcción salieron corriendo, declarando a la Prensa que santa nora de las pelasones se les había aparecido envuelta en papel higiénico  para decirles cosas inaudibles para humanos oídos, que todos debían imitar a Vincent y dejar de oir lo que obstruye el entendimiento. Nunca actué en una pelìcula pornográfica ni pertenezco al call center de TV OFFER, así que deben haberse equivocado.

La casa andaba serena, como casi siempre, la familia de caracoles estaba apagada por el calor y la exigencia de ahorro de una factura doliente, sólo una televisión sonaba a lo lejos, donde un cangrejo retrocedía en códigos morales cuando trataban de explicar que la traición era lógica en cierta especie de animales.

Entonces me sobrevino una crisis de responsabilidad poética, corrí a ponerle adjetivos a mis peces, a corregir el pleonasmo de los días en que me venció el libertinaje, porque esta era una emergencia verdadera que debía terminar de apresurarme como una pequeña llave que luego de tantos años de buscarla se encuentra. Quebré el vidrio a codazos y saqué intacta el hacha, la manguera, la pistola, y también el avivador de fuegos. Maté al monstruo y me lo comí de un bocado, desde entonces padezco de estreñimiento y la gente dice que he cambiado. Nunca le creas a los otros.

Aquí estoy, en un cibercafé del centro comercial menos molesto, esperando a la mar que de seguro por la conchas se ha atrasado; interrumpí esta pelazón sólo para informarles que me voy por un tiempo a cazar conejos.

Dos poemas para mi abuela

07 noviembre 2009
BAÑANDO A MI ABUELA

Llevo de la mano a la ternura
a tomar su baño diario
Los ladrillos menta me reprochan
la revelación de la carne
esa luz de mar con que lastima

Es mi abuela
una luna con sus cráteres
un mármol adornado de turquesas
el resumen de una rosa
la columna intacta de una ciudad perpetrada

Y pienso en sus batas
ese manicomio que llamamos ropa.
Con gusto nadaría los siglos
para regresarla al paraíso

Pero aquí,
tan lejos del tacto
pero así,
tan luz en la sombra

Ciega acomodo sus miedos
deshilvano sus mantas
y la riego como un dios
a una comarca




CORTEJO FUNEBRE PARA MI ABUELA

Hay fuego en un cuarto pequeño
maniquís derretidos,
una forma tensa y rallada
alaridos

Los ojales se turnan
para cerrarse las bocas
mientras la ama se arranca
los botones y los coloca
detalladamente
en su espalda

Los calcetines flacos
el pedal de la máquina
todo vuela

Mientras mi abuela
sigue en su obligación
de volver al sol
pálidos ruedos.

Halo wind

En Cantaria
recibimos almas
de muertos atados
a un amor o a un odio

Aquí pasean
Caleidoscopio, Acantilados
todas a las que dio traición
Horizónterrible
rumbo hendido a bofetadas

Cantaria es
ciudad de trinos
mujeres pasa aguas
rosas rudas
sudarios boldos
hierbasbuenas

El Espantapájaros, Roque Dalton
la Calabiuza, Lilian Serpas
Rutilio Grande, el Cura sin cabeza
y una vieja Ruta 11, la Carreta Chillona

en Cantaria se preparan hogueras
brebajes dulces venenos
bordedos delantales manajos
pueblo nómada se instala
un día en la vida

ven a Cantaria, peregrino
desaparece con nosotros en la estación oscura
somos matas rojas y amarillas
pequeños ombligos
clavos
la ciudad que nunca olvida


31 de octubre de 2009

Desvelando al busto de Félix Ulloa



Tropiezo con Alicat
pongo un pié en la cómoda del frente
va nerviosa la mano sobre estática capilar
se posa
el indio que vende mantas sonríe más adelante
está borracho
soporta la pena de estar borracho
en una pieza de German Cáceres
bustos afeitados frios impasibles
nada que ver con el mártir
florecen habitaciones de culpas
bajan de camionetas los gánster
que estudiaron -por supuesto- con el mártir
y cobran por él
seguros y fletes
medio mundo tiene Sagatara
laberintos a esconderse en las arrugas de la serpiente
pintar de rojo sus canas con puesiesque
trasi trasi trás vienen detrás 
interminables muertos
procesiones de muertos
saquen el ejército a las calles
metan el ejército a la cárcel
maten al ejército cobarde
callen los 4 gatos que reversos
malversos compungidos recitan
el caballo que erotiza los pastos
sintiéndose estar en Las Cibeles
estacionamiento de trailers
tafetaneros y farmacéuticos tiñen de ocre sus dientes
amargos
mientras el tufo de los locos
abre fuego
quillas

29 de octubre 2009, Museo de la palabra y la imagen, San Salvador.

El Mago Barú

Dicen que te fuiste para siempre
el año en que la gente ya no podía verte
el acto de magia universal estaba consumado
lo sabías

allá te vimos
en los semáforos de la San Antonio Abad
y la Centroamérica
atravesado por el humo de los buses
carros bestias insensibles
víboras que morían en la fe de tus bastones
de mago músico
doble eme de tu escudo
barcos
con sed azul

en el año 86 los jóvenes estábamos locos
te seguíamos como al músico de Saint-Merry
desde la parada de la ruta 26 a los altos edificios
apedreados por los Bancos
íbamos detrás de tu amuleto
viendo cómo despertabas las hojas secas
los árboles de pino
las semillas
las flores de chula
los grillos
los zanates
las lagartijas verde claro y cafecitas

nada pudieron en tu contra
y de los chicos salvajes
los radares de tenis masoquistas
el hijo del sol con su peinado de príncipe
los detectives apostados en el parque del pañuelo
aunque murieron ciertos cantos
ciertos trinos

eran tiempos en que los trenes
chillaban sus paradas con rabia de versos
hasta que aparecía el cuervo
con el fondo de Mendelssohn
entrando y saliendo
apareciendo y des-apareciendo
sonrisas en la dama triste
conversaban largamente ensimismados
el cadejo blanco y la pájara

Dicen en el año 2009 que estás muerto
y apenas hace tres noches viniste a acompañarme
siempre en el rito de las casas desordenadas

compartíamos un plato de comida y un fresco
mientras los otros hacían negocios
en nombre de su propio exterminio
los alquileres están dispuestos
me decías
la muerte es un administrador ordenado
procura vivir sin higiene de horarios

Llevaba un tiempo cansado
de toser y barajar las cartas
de ver pasar camellos y fracturas
de cargar la ternura en las ventanas
de ponerse bello
y rasurarse
Era hermoso
lo sabía

si tan sólo el mundo
pudiera ver cómo volabas
se acabarían las guerras
los tuertos
las maniobras del adulador
los gusanos miedos
la gula sin conocimiento
entonces
la avaricia sería una más en el mostrador
de aldabas
la gente se iría por ahí buscando secretos
que al hablarlos sur/zen mariposas

es imposible imponer la alarma
despertar tantos corazones
asustados en la hora
y en la hora abrirse vientre
dejar caer sobre tu camino rosas de sangre
preguntar al ojo de Dios
soltar los pañuelos reunidos
saber dónde duermen las canciones

será un día
de una sombra cualquiera
en que los trotamundos
hagamos silencio

A todos los perseguidos

04 noviembre 2009
Siempre clavando,
desclavando

Siempre clavando, desclavando


y volviendo a clavar
Siempre buscando cajas: cajas
pequeñas


cajas grandes.
Y otro día a meter cosa tras cosa,


adecuándolo todo en su lugar.
Y otra vez a clavar y clavar.
Y cuando todo esta en su sitio


(hasta tu corazón)
te avisan que te buscan


dos hombres sospechosos
en un carro sin placas o que en el
quinto piso
(tú vives en el cuarto) se acaba de
mudar


el hombre rana
y te marchas entonces a otra ciudad
lejana.


Muy lejana
y comienzas de nuevo a desclavar
y buscar cajas grandes, cajas
pequeñas



Alfonso Quijada Urías, ave salvadoreña.

Homenaje a Rufina Amaya en la UCA

y a todos los sobrevivientes del conflicto armado y de la violencia que todavía no cesa; por nosotros "los medio vivos y medio muertos".





Las Lamentaciones de Rufina
del compositor Carlos Colón, con textos litúrgicos y poema de Nora Méndez
6 de noviembre 2009
5:30 p.m.
Aditorium de la UCA
Invitadas de honor: Fidelia y Martita, hijas de Rufina Amaya


Un poema viejito y sin nombre...

03 noviembre 2009
Sóla,
de solamente,
voy tildada

sola,
de soledad,
ni la tilde me acompaña

Agosto de 1989, en un bus

Gloria Fuertes, la poeta niña



Gloria Fuertes (Madrid, 28 de julio de 1917 – ibídem, 27 de noviembre de 1998) fue una poeta (no le gustaba que la llamaran poetisa) española.

Gloria nació en Lavapiés, en la época un modesto barrio del Madrid antiguo. Su madre era costurera y sirvienta; su padre, bedel. Poco se sabe de su vida familiar, a lo que ha contribuido que la escritora siempre guardara celosamente su intimidad. Asistió al Instituto de Educación Profesional de la Mujer, pero sus aficiones eran muy diferentes a las propias de las mujeres de su época. Su interés por las letras comenzó a la temprana edad de cinco años, cuando ya escribía y dibujaba sus propios cuentos. Empezó a escribir versos a los catorce años, a25.36 los quince los leía en Radio España de Madrid y a los diecisiete dio forma a su primer libro de poemas, Isla ignorada, que sería publicado en 1950. Se ha especulado sobre su homosexualidad, que aparecería sutilmente declarada en poemas como «Lo que me enerva», «Me siento abierta a todo», «A Jenny», etc.

Aunque ella siempre se definió como «autodidacta y poéticamente desescolarizada», su nombre ha quedado ligado a dos movimientos literarios: la generación del 50 y el postismo, grupo literario de posguerra al que se unió a finales de los 40 y del que formaban parte Carlos Edmundo de Ory, Eduardo Chicharro y Silvano Sernesi, y en el que también colaboraron Ángel Crespo y Francisco Nieva.

Del Postismo quedó para siempre en Gloria Fuertes una actitud poética desmitificadora por vía del humor; el humor en Gloria Fuertes es una forma crítica de deconstruir la realidad y descubrir la verdad de las cosas. La Guerra Civil dejó una profunda huella en ella. El antibelicismo y la protesta contra lo absurdo de la civilización están presentes en su poesía de forma categórica. Como ella misma declaró, «sin la tragedia de la guerra quizá nunca hubiera escrito poesía».
Como secuela de su experiencia bélica, la obra de Gloria Fuertes se caracteriza por la ironía con la que trata cuestiones tan universales como el amor, el dolor, la muerte o la soledad. Todo ello aderezado con curiosas metáforas y juegos lingüísticos llenos de encanto, frescura y sencillez, que dotan a sus poemas de una gran musicalidad y cadencia cercana al lenguaje oral.
Entre 1940 y 1953 comenzó a colaborar en revistas infantiles, Pelayos, Chicos, chicas y chiquitito, Maravillas y el suplemento infantil del diario Arriba, para el que publicó las historietas de Coletas y Pelines, una niña de nueve años y un niño de seis respectivamente, que alcanzaron una gran popularidad entre los lectores infantiles.

Paralelamente a su dedicación a la literatura infantil en las revistas, obras teatrales y poemas escenificados, fundó en 1947, junto con María Dolores de Pueblos y Adelaida Lasantas el grupo «Versos con faldas» que organizaba recitales y lecturas de poesía por bares y cafés madrileños, colaboraba en revistas para adultos como Rumbos, Poesía española y El pájaro de paja y creó y dirigió la revista poética Arquero entre 19501954, junto a Antonio Gala, Julio Mariscal y Rafael Mir.
De 1955 a 1960 estudió biblioteconomía e inglés en el Internacional Institute. En 1961 obtuvo la beca Fullbright en Estados Unidos para impartir clases de Literatura española en la Universidad de Bucknell, además de recibir en 1972 la Beca de la Fundación Juan March de Literatura Infantil.

A mediados de los años 70 colabora activamente en diversos programas infantiles de TVE, siendo Un globo, dos globos, tres globos y La cometa blanca los que la convierten definitivamente en la poeta de los niños. Recibiendo en cinco ocasiones el Aro de Plata de este medio informativo. A partir de estos años la actividad de Gloria Fuertes es imparable: lecturas, recitales, homenajes... siempre cerca de los niños; publicando continuamente, tanto poesía infantil como de adultos. Su fama es tal que cómicos como Martes y 13 parodian su figura en programas de humor.
Fallece el 27 de noviembre de 1998, víctima de un cáncer de pulmón, en Madrid.

Gloria Fuertes, aquella chica que paseaba en bicicleta por las calles de Madrid con falda-pantalón y corbata; una de las primeras voces de la poesía femenina de la posguerra; la mujer de las dos caras que armonizaba su amor por los niños —enredándoles con sus rimas, adivinanzas y juegos de palabras disparatados— con su amor por la vida y la paz —denunciando la injusticia social, el desamor, el dolor y la opresión pero, todo ello, con su humor peculiar—, continuó escribiendo y colaborando en programas infantiles televisivos consagrada ya como la poetisa de los niños.

Más apreciada y estudiada en el extranjero que en España, la mayoría de los trabajos críticos sobre Gloria Fuertes proceden del hispanismo norteamericano (Debicki, Mandlove, Sherno, Persin, Capuccio, Browne…), y es escasa la crítica literaria española sobre esta poeta. Camilo José Cela reconoció en su día la injusticia cometida con Gloria Fuertes, a la que denominó «la angélica y alta voz poética a la que los hombres y las circunstancias putearon inmisericordemente».

15 de MAYO
San Isidro, estoy cansada,
Yo te dejo mi herramienta.
Tú, que nunca fatigado estuviste
-ni en tormenta-,
tú, que todo lo rezabas
lo labrabas
lo sembrabas
tú, que hablabas
                        con los santos
                  con el trigo
                  con el ave.

Toma, planta mi bolígrafo,
A ver qué coño son sale.
San Isidro, estoy cansada.



(De Sola en la Sala, Javalambre, 1973).




LA POETA
La poeta se casó con el poeto
Y en vez de tener un niño
Tuvieron un soneto.





LOS PAJAROS NO TIENEN DIENTES
Los pájaros no tienen dientes,
Con el pico se apañan.
Los pájaros pescan peces
Sin red ni caña.
Los pájaros, como los ángeles,
Tienen alas.
Los pájaros son artistas
Cuando cantan.
Los pájaros colorean el aire
Por la mañana.
Por la noche
Son músicos dormidos
En las ramas.
Da pena ver a un pájaro en la jaula.

Octubre

23 octubre 2009
llueven monótonas pecas hojas
nutre y sienta el color
precario de madera
piel de almendra
chocolate

pasa viento
lleva y trae telegramas
cartas de amor que reparte al paso
como tren que no puede detenerse
como niñas que incineran ojos
en busca de poemas sin nombre
los días, luz
los días ponen sombras

cielos que salen a tender
peces fríos y celajes
niños que vuelven
a dormir hasta tarde
pájaros que migran
promesas en vuelo
historias aptas
para todas las edades

la Pardela coruña y la gaviota de Sabine
se acercan a tomar zumo de jícamas
con bobo enmascarado y paiño negro
que es un Oceanodroma, Melania

están bobo, vientre blanco
y un salteador popmarino
la fragata y el falaropo
se sientan en mis hombros a pardelas
se ponen a cantarme golondrinas
marinas negras cuando lejos
pasa engullendo olas un pelicano
y el bobo patirrojo se declara.

De norte a sur viajan
vuelan tierras altas
donde huyeron
bajan a ver montes
clavos de atolladeros
mares que han calcado su-su voz
en piedras que son grietas
prietas, claras y aleteos
van camino de Nubencomún
tierra efímera,
blanca,
solitaria...

Poema en construcción

Concha Méndez, pipa en mano

22 octubre 2009

Concepción Méndez Cuesta (Madrid, 27 de julio de 1898 - México, diciembre de 1986), poeta española de la Generación del 27.
Se educó en un colegio francés cuya influencia se observó en sus primeros versos. Concha fue una joven arriscada, campeona de natación y gimnasta, al igual que su muy machista primer novio, Luis Buñuel, al que conoció veraneando en San Sebastián, con 19 años. Durante cinco años serán novios, hasta que ella se hartó del insufrible carácter de él. Fue en efecto una joven muy liberal, que se marchó de casa a la aventura cruzando océanos sólo por el placer de conocer mundo y cambiar de aires (en 1919 viajó a Londres, Buenos Aires y Montevideo en 1929), y en eso su carácter era similar al de su amiga de correrías, la pintora Maruja Mallo, de la que sólo se han destacado sus barrabasadas juveniles y sus amoríos con Miguel Hernández, entre otros famosos de la época. Ese noviazgo, y la amistad con Rafael Alberti, Federico García Lorca y Luis Cernuda la unirán al grupo del 27. En 1926 publicó su primer libro, Inquietudes, dos años después, Surtidor y Canciones de mar y tierra en 1930. En 1931, Federico García Lorca le presenta, en la granja El Henar, al poeta e impresor malagueño Manuel Altolaguirre y se casaron al año siguiente, siendo testigos Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén y Luis Cernuda. Crean la imprenta "La Verónica" del hotel Aragón, donde editaron la revista Héroe, que contó con la colaboración de Juan Ramón Jiménez, Unamuno, Pedro Salinas y Jorge Guillén. Viven de 1933 a 1935 en Londres, donde muere su primer hijo el primer año y nace su hija Paloma en el último. Junto con su marido, activo impresor, contribuye a la difusión de la obra del grupo del 27, editando colecciones de poesías y revistas como Poesía, 1616, y Caballo verde para la poesía. Escribe además unos libros poéticos ya libres de expereiencias vanguardistas, Vida a vida, Niño y sombras y Lluvias enlazadas.

Guerra Civil y exilio

Durante la Guerra Civil colabora con distintos poemas en Hora de España y residió en Inglaterra, Francia y Bélgica. Se exilian tras la Guerra Civil a Paris, donde les recibe Paul Éluard. Publica en Hora de España su prólogo de El Solitario, drama poético en tres actos. En 1939 abandona París rumbo a América y con su marido viaja a La Habana (Cuba), donde establecieron otra imprenta llamada igualmente "La Verónica" y una colección poética que llaman "El ciervo herido", entre 1939 y 1943. En 1944 pasan ambos a México, publica Villancicos de Navidad y Sombras y sueños, se divorcia de Altolaguirre, ya que este la abandonó por la cubana María Luisa Gómez Mena, junto a la que moriría en 1959 en España en accidente de automóvil, cuando volvían del festival de cine de San Sebastián de 1959. De 1944 a 1979, dejó de publicar, aunque en el año 1976 se editó una Antología poética. En 1979 aparece su último libro Vida o río. Aunque hizo un viaje a Madrid en 1966, siguió en México hasta su fallecimiento en 1986. En 1991 se publican sus Memorias habladas, memorias armadas (Mondadori, Madrid, 1990), obra sacadas de unas cintas que había ido grabando su nieta, Paloma Ulacia Altolaguirre, quien armó el material de la memoria viva que Concha iba desgranando oralmente desde su casa de Coyoacán, donde había muerto, pipa en mano, Luis Cernuda, el 5 de noviembre de 1963, fiel amigo que se quedó a vivir con ella.

Obra literaria 

Está aún por estudiar el teatro de Concha Méndez. Su obra poética está recogida en Poemas 1926-1986 (Madrid: Hiperión, 1995), edición preparada por el marido de su nieta Paloma, el profesor James Valender. Sus tres primeros libros, Inquietudes, Surtidor, Canciones de mar y tierra constituyen una trilogía caracterizada por la influencia del Alberti neopopularista y por la incorporación al verso de todo aquello que en los años veinte representaba la modernidad: el deporte, el cine, los automóviles. Concha Méndez se muestra en ellos, si no como una escritora excesivamente original, sí como una poetisa a la moda. Una voz más depurada y personal, menos colorista y lúdica, muestra en Vida a vida. Continúa el tono autobiográfico en Niño y sombras, elegía a un niño, su primer hijo, que no llegó a nacer. Esos dos libros, junto a unos pocos poemas nuevos escritos durante la guerra, se reeditan en Lluvias enlazadas. Poco queda de la poetisa de los años veinte, toda alacridad y gracia, en Sombras y sueños, de 1944, quizá el mejor libro de la autora. Su voz se aproxima ahora a un poeta que en los años veinte parecía envejecido y de otro tiempo, Antonio Machado. Entre el soñar y el vivir se titula, bien significativamente, su último libro.
Alguien dijo que «la risa es la gran enterradora». Algo se me está enterrando porque río a todas horas.
Me levanté hasta el sueño. En busca iba de no sentir la herida que abrasaba. Las duras flechas del dolor hicieron brotar en mí el clavel de nueva llaga. Corriendo al par carrera con el viento y perseguida por amante llama, la vida es ciervo herido sin remedio, que las flechas le dan veneno y alas.
Ni me entiendo ni me entienden; ni me sirve alma ni sangre; lo que veo con mis ojos no lo quiero para nadie. Todo es extraño a mí misma, hasta la luz, hasta el aire, porque ni acierto a mirarla; ni sé cómo respirarle. Y si miro hacia la sombra donde la luz se deshace, temo también deshacerme y entre la sombra quedarme confundida para siempre en ese misterio grande.  
Quisiera tener varias sonrisas de recambio y un vasto repertorio de modos de expresarme. O bien con la palabra, o bien con la manera, buscar el hábil gesto que pudiera escudarme...   Y al igual que en el gesto buscar en la mentira diferentes disfraces, bien vestir el engaño; y poder, sin conciencia, ir haciendo a las gentes, con sutil maniobra, la caricia del daño.   Yo quisiera ¡y no puedo! ser como son los otros, los que pueblan el mundo y se llaman humanos: siempre el beso en el labio, ocultando los hechos y al final... el lavarse tan tranquilos las manos.
Ven a mí que vas herido que en este lecho de sueños podrás descansar conmigo. Ven, que ya es la media noche y no hay reloj del olvido que sus campanadas vierta en mi pecho dolorido.